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Viernes, 02 de Julio de 2010 09:43    PDF Imprimir E-mail
La Reforma Financiera, la cuerda necesaria para controlar sabuesos
Artículos de Andrés Abreu

Los economistas no comprometidos, es decir, los que no comen de los bancos ni de ninguna otra institución financiera, están bien claros en que este sector es un “parásito necesario” de la sociedad capitalista.
Como parásito, se alimenta del sector productivo de la sociedad, y lo abandona cuando ya es un cadáver que no deja dividendos.

Pero es un parásito necesario, porque es el único en capacidad de agrupar la suma de los bienes producidos y asignarla a sectores específicos de la sociedad, haciendo posible el surgimiento de los gigantes corporativos.
Un dólar no es el valor del papel en que está impreso, el cual está por debajo de los 7 centavos, sino lo que se puede adquirir con él, lo cual refleja la fortaleza o no de la economía.
Las instituciones financieras son los lugares donde los hombres y mujeres de la sociedad depositan el fruto de su trabajo representado en papel moneda.  Con este dinero, que no es suyo, los bancos hacen negocios.  Lo prestan con cobros de intereses, y como es mucho dinero, esos intereses sumados dan grandes cantidades en ganancias para las cuales el banco sólo ha invertido en pagar a la persona que recibe los depósitos.
Pero eso no es lo importante, pues cada negocio tiene que ganar y los bancos no son iglesias, lo que si es relevante es el poder que estas instituciones logran agrupar al disponer de los bienes de gran parte de la sociedad.  De tal modo que todo el país queda operando y dependiendo de ellos, desde el cobro del salario de los trabajadores, hasta el gasto total de éste, y si lo ahorra, también.
Debido a ese rol de capitán del capitalismo, los bancos tienen que ser supervisados y regulados por el Estado.  En un país donde las entidades financieras estén en libertad de hacer lo que quieran, no hay lugar ni garantía para los ciudadanos, pues los bancos como negocios, no tienen otro interés que no sea el del beneficio, independientemente de quienes caigan en el camino.
En 1933, producto de la gran depresión, el presidente Franklin Delano Roosevelt se vio obligado a establecer fuertes regulaciones a las entidades financieras, pues estas no solamente eran captadoras de recursos sino que al mismo tiempo eran las inversionistas de esos recursos en otras industrias.  Este monopolio se prestó para toda clase de actividades corruptas en el casino de Nueva York llamado “Bolsas de Valores” o Wall Street, y terminó provocando un colapso de la economía que le costó la vida y la suerte a millones de norteamericanos,  lo mismo que a millones de personas de los países subdesarrollados cuyas economías dependían de lo que se vendía y se compraba a Estados Unidos.
A esa reforma se le conoció con el nombre de “The New Deal” y fue aprobada bajo fuertes debates en el Congreso, donde la mayoría de legisladores republicanos se oponían por considerarla una “obstrucción para el desarrollo empresarial”.
En el 2008, al igual que 79 años atrás, se produjo otra depresión que afortunadamente no tuvo las consecuencias de las del 1929, pero provocó la caída del mercado hipotecario y los niveles más altos de desempleo en 50 años.  Esa es la recesión de la que todavía estamos sintiendo los efectos. 
Según los expertos, o los forenses del desastre económico, la actual crisis fue el producto de las actividades descontroladas del mercado financiero y del mercado de valores, casualmente los mismos protagonistas de la antigua depresión, pero actuando ahora de manera separada.
El presidente Barack Obama hizo aprobar otra reforma para apretar más las tuercas a los bancos y mercaderes de valores y proteger a los consumidores americanos de sus avaricias.  Como es natural, tuvo que enfrentar la oposición republicana, la que al igual que antes, considera que ésta es una amenaza “contra el libre desarrollo empresarial”.
Para muchos economistas  serios, es decir, los que tienen una opinión libre y no comprometida con su cuchara, esta reforma no hará gran diferencia y que tal vez no sirva realmente para evitar otro colapso del mercado.  Probablemente sea cierto, pero por lo menos da más autoridad al gobierno para controlar a los bancos y contempla el establecimiento de una comisión para vigilar sus actividades con respecto a los inversionistas y depositantes. Algo necesario ante tantas mordidas cuyas víctimas siempre son los más pobres.

 

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