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Por Andrés Abreu
Cuando Lula Da Silva era candidato a la
presidencia en Brasil en el año 2002, los medios de prensa latinos de
Estados Unidos, cuya orientación es el pensamiento conservador del
Estado de La Florida, lanzaron una alerta roja de tifón, presagiaron
catástrofes y holocaustos, porque el Cuco del comunismo, que ya compite
en vejez con Matusalén, se asomaba por el horizonte electoral amenazando
con devorar empresas y empresarios, y escupirlos como chatarras de
oficinas gubernamentales.
Pero sucedió
que Lula ganó y Brasil tuvo su mayor crecimiento económico en los
últimos cincuenta años, el nivel de pobreza se puso de reversa poniendo
freno a un crecimiento tenebroso e incontrolable, y la delincuencia
encontró por primera vez a un régimen decidido a enfrentarla con las
armas correctas. Los empresarios brasileños fueron los beneficiarios
del saneamiento de la administración pública, y por primera vez en
muchos años, muchos de ellos sintieron que podían confiar en el
movimiento de los mercados, sin temor a ser aplastados por los
privilegios que la corrupción daba a sus competidores. Perú es hoy políticamente, algo parecido a lo que fue Brasil hace 9 años, por lo menos en lo que respecta al cuco. Un
poderoso sector empresarial peruano teme a los controles
gubernamentales como el diablo a la cruz, y otro más pequeño y
desventajado, quiere un orden que le permita crecer sin tener que
subsistir a expensas de los peces gordos. Los peces gordos que son
los dueños de los medios comunicación, son también los dueños del poder,
y lo entregan a quien consideran que defenderá sus intereses, o por lo
menos, no atentará contra ellos. Por eso en el año 2006 prefirieron
entregar con reservas el cetro inca al candidato populista del APRA,
Alan García, antes que aceptar como Presidente a alguien a quien tengan
que respetar. Cuatro años después asistimos a la misma obra con
mínimos cambios en el reparto. Cinco candidatos se reparten la
preferencia del electorado peruano, el cual en esta contienda, parece
estar mas decido a no volver a apostar a un número pelado. Perú tiene
28 millones de habitantes, de los cuales mas del 50 por ciento vive en
la pobreza, es decir, carente de algunos elementos básicos como son la
alimentación, la salud y la educación (cifras de la CEPAL y el BID). El
20 por ciento vive en la extrema pobreza, lo que quiere decir, en la
indigencia. El 45 por ciento de la población vive en la sierra y en la
selva y es en ese segmento donde se acumula el mayor índice de pobreza.
El restante 55 por ciento de la población vive en las zonas urbanas
donde conviven riqueza y pobreza extremas. De los cinco candidatos,
cuatro pertenecen a regímenes anteriores, que pese a que tuvieron
algunos logros administrativos y de crecimiento económico, no dejaron en
el recuerdo de los votantes pobres la suficiente nostalgia como para
motivarles el deseo del regreso. Ellos son Alejandro Toledo, quien
sustituyó a Alberto Fujimori y se creía la esperanza de los indígenas,
pero terminó haciendo un gobierno neoliberal que no redujo la pobreza ni
creó las bases de esperanzas para superarla; Keiko Fujimori, hija de
Alberto Fujimori, quien pese a que dice que hará un gobierno diferente
al de su padre, utiliza como muleta electoral la administración de éste,
que se caracterizó por la corrupción y la violación a los derechos
humanos; Pedro Pablo Kuczynski, ex ministro de economía del gobierno de
Alejandro Toledo, quien lleva en su mochila la carga del fracaso
económico de su presidente; y Luis Castañeda, quien fue alcalde de Lima y
no dejó el suficiente recuerdo para motivar la memoria. Los cuatro
coinciden en prometer paraísos concebidos a la imagen de sus campañas y
al buen recuerdo, de lo que dicen, que fueron sus logros cuando de
alguna manera fueron gobierno. Pero sobre todo, coinciden en el
fulminante rechazo a todo lo que se llame izquierda y huela a Cuba o
Venezuela. Los cuatro son figuras potables de la clase económicamente
dominante, y un calmante efectivo para el dolor de cabeza que provoca la
imagen del Cuco. El Cuco, Ollanta Humala, está en la acera
contraria, lanzando un discurso contra la pobreza, pero cuidándose de no
espantar las avispas que en las elecciones pasadas lo dejaron corriendo
sin éxito en la segunda vuelta. De los cinco candidatos, él lleva la
delantera en las encuestas con mas de diez puntos porcentuales por
encima de sus cuatro contrincantes, los cuales, ahora se pelean entre si
por alcanzar el segundo lugar, desde el que esperan concertar alianzas
que les permitan vencer a Humala en la segunda vuelta. Mientras a
estos cuatro candidatos lo soportan sus bases partidarias, las clases
medias y altas, sectores bajos urbanos y los que de alguna manera fueron
beneficiarios de los gobiernos en los que participaron, Humala recibe
cada vez mas apoyo de los desclasados, los que perdieron las esperanzas
en los candidatos tradicionales y desean probar algo diferente a lo
fracasado; los que siguen al candidato que les está hablando de resolver
su problema principal, la pobreza. Perú es uno de los países de
mayor participación electoral en América Latina, se estima que el 73 por
ciento de sus votantes registrados van a las urnas, pero no se debe a
un asunto de conciencia política, sino de fuerza, porque en Perú votar
es obligatorio, so pena de pagar multas y enfrentarse a innumerables
inconvenientes burocráticos. Esto representa una ventaja para Humala,
pues uno de los factores que impiden que los candidatos como él
obtengan la victoria en América Latina, es la poca participación de las
clases mas empobrecidas. Pero Humala necesita muchos mas votos de los
que puede sacar en la primera vuelta, para poder ganar en la segunda,
en la que se enfrentará a una coalición de candidatos que se fustigan el
uno al otro, pero coinciden en una cosa: en no quererlo a él. En esa
probable coalición basada en que el enemigo de mi enemigo es mi amigo,
no se sabe quien será el beneficiado. De acuerdo a las encuestas, los
posibles ganadores del segundo lugar son Keiko Fujimori y Alejandro
Toledo, dos candidatos históricamente opuestos, lo que no asegura que
los seguidores de uno vayan contentos a votar para favorecer al otro,
pero si garantiza que los votos de esa alianza no serán una suma tan
alta, como para que Humala no la pueda alcanzar. Al Cuco no le será fácil ganar, pero tampoco imposible. |