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Viernes, 15 de Julio de 2011 12:00    PDF Imprimir E-mail
Recordando a Facundo Cabral
Artículos de Andrés Abreu

Pocas cosas en el mundo provocan tanto dolor como la pérdida de personas valiosas.  Ese dolor los sentimos todos los que conocimos a través de su música y sus versos a Facundo Cabral. Facundo se ganó el corazón de la juventud latinoamericana, cuando en el año 1973 grabó en un “Long Play”, que era medio de la época, su concierto en el palacio de Bellas Artes de México.  Allí Cabral cantó sus mas profundas y exitosas canciones e hizo reflexiones de carácter social y humano que a todos conmovieron.
“El diablo es un señor almidonado, que nunca olvida el saco y el sobrero, que vive en una casa con placares, para esconder el miedo y lo ajeno”, decía una de sus canciones.
Hacía reflexiones como: “come yerba, que millones de vacas no pueden equivocarse”.  Utilizando estribillos populares denunciaba la injusticias sociales:
 “Que llueva, que llueva
el mundo está en peligro
cuidado hombre pequeño
los grandes se han reunido.
Que llueva, que llueva,
la bienhechora lluvia,
el de arriba cosecha
y el de abajo se inunda”.
A veces yo me pregunto
¿Po qué no hay pan en la mesa?
y quién fue que le dio sombrero
al que no tiene cabeza.
A veces me pregunto
¿Quién es mas ladrón, hermano?
si los que roban un banco
o aquellos que lo fundaron.
Los setentas, eran en Latinoamérica el tiempo y el escenario de la lucha de la juventud por un nuevo orden social contra el mundo tradicional conservador.  La izquierda de tendencia marxista bajo el adoctrinamiento de las ideas del líder ruso Vladimir I. Lenin, se agenciaba el dominio político de los sindicatos porque creía en una revolución encabezada por la clase obrera.
Era la época del radicalismo, de derecha y de izquierda.  El punto medio era un estorbo.
Para la derecha, todo lo que significara justicia social, era comunismo, y para la izquierda, todo el que no era marxista era derechista.  La derecha encabezada por los dictadores militares y déspotas ilustrados como Joaquín Balaguer en la República Dominicana, se consideraba compromisaria de derrocar al comunismo a toda costa, y la izquierda soñaba con un cambio extemporáneo.
Facundo Cabral tenía ideas sociales pero no era un militante de la izquierda como lo creían tanto la derecha como la izquierda, la primera como enemigo y la segundo como aliado.
En una entrevista en México en 1977, Cabral explicó su línea de pensamiento, dijo: “no creo en el capitalismo porque esclaviza a los hombres, tampoco en el comunismo, porque los masifica”.  Ese eructo de sinceridad le costó gran parte de su popularidad en la juventud de la época.
Para esos mismos días en que produjo las declaraciones se prepara un concierto suyo en la República Dominicana.  Algunos columnistas despotricaron en contra de él y llamaron a sus lectores a no asistir al concierto.
Pocos semanas antes, Manuel del Cabral, el gran poeta dominicano de quien tuve el privilegio de ser amigo, en una de las tardes en que tomábamos café en la galería de su casa, me preguntó ¿Conoces a Facundo Cabral?
-Si-, le contesté, -viene pronto a dar un concierto, es argentino-.
-Si, lo se- me dijo.  -Me llamó un señor, que no recuerdo el nombre, y me dijo que este Facundo me quiere conocer, que le gustan mis libros, que hasta quiere ponerle música a algunos de mis poemas.
-¡Eso es maravilloso Manuel!- le dije.  -Llame al señor y arreglemos una reunión- le recalqué.
Manuel puso la cara de aceptación y así lo hizo.
Unos días después leí en el periódico sobre la llegada de Facundo Cabral a República Dominicana y quise salir corriendo donde Manuel sin terminar la crónica por la emoción que me causaba lo que leía.  Decía que, Facundo Cabral contó que había tenido el honor de conocer en México a la viuda del líder revolucionario Pancho Villa, y que ésta le había dicho que le encantaban sus libros.  Facundo dijo que se sorprendió, porque (para esa fecha) el no había escrito ningún libro.  Dijo que la señora le mostró un libro de Manuel del Cabral y tuvo que explicarle que no era él.  Facundo Cabral decía a los periodistas en la crónica, que buscó luego los libros de Manuel Del Cabral y desde entonces se había convertido en un fanático del poeta.
El día del Concierto acompañé a Manuel al Palacio de Bellas Artes.  Era casi la hora de comenzar la función y solo habían unas 40 personas en el público.  Fuimos invitados a pasar por el camerino, donde conversamos unos minutos con Facundo.  Recuerdo que interrumpió brevemente la conversación y me preguntó con cierta preocupación, ¿Hay mucha gente allá en la sala?  Entonces no me atreví a decir la verdad, y le contesté: si, mas o menos.
Años después, cuando comenzaron a caer las dictaduras y los gobiernos déspotas de la derecha, y el radicalismo de izquierda comenzó a hacerse obsoleto, los versos de Facundo volvieron a brotar sobre las mismas bases que nacieron, el mensaje de paz y la denuncia de la injusticia social.
Una serie de conciertos con Alberto Cortez, lo expusieron ante las nuevas generaciones y lo lanzaron de nuevo al éxito.
En febrero del año 2001, le pedí a nuestra corresponsal en Argentina, Sara Harris, que entrevistara a Facundo Cabral para El Vocero Hispano.  Sara localizó a Facundo en un pequeño café de Buenos Aires donde solía pasar las tardes.  Había perdido casi totalmente la visión debido a una glaucoma severa.  En la entrevista que se publicó el 20 de febrero de ese año, Facundo hizo un repaso de toda su vida y habló de sus valores, su firme fe en Dios y de su filosofía de vivir.
“Cuando pedía visas a Estados Unidos, antes me la daban como artista, ahora me la dan como predicador”, dijo.
Lo último que supe de él fue un mensaje de agradecimiento que me envió con Sara Harris, por su satisfacción por la entrevista y por haberle enviado varias copias del periódico con ella.
La muerte de Facundo Cabral será como unos versos de Manuel del Cabral que a él tanto le gustaban y que decían:
“¿Quién ha matado a este hombre, que su voz no está enterrada?
hay muertos que van subiendo cuanto mas su ataúd baja
hay muertos como raíces que hundidas dan fruto al ala”.


 

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