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Por Andrés Abreu / Editor
Para el año 2035, se había pronosticado que no existirá petróleo en el mundo, explotable para mantener la actual demanda. Pero ese pronóstico se hizo en los años noventa y quizás por haberse enterado de eso con tiempo, los magnates del oro negro, apresuraron las inversiones en la búsqueda de nuevos yacimientos alrededor de la faz de la tierra. Así encontraron que el Golfo de México es un tesoro sin explotar, y que Venezuela tiene reservas que compiten con las de Arabia Saudita.
Cuando comenzó el conflicto en Libia, hace unos cuatro meses escribí un artículo en el que les recordaba a los “súper analistas” comprometidos con decir lo que les mandan, que ese país posee una de las 10 más importantes reservas de petróleo de mundo y que no es una casualidad que Estados Unidos, pese a haberle perdonado los pecados a Gadafi, aprovechara la oportunidad del descontento popular y el desgaste del régimen para hacerse allí de un gobierno amigo y leal, léase servil. En el mismo tenor, tampoco fue una casualidad que apenas tres meses después de haber asumido el gobierno en el 2001, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, en una recepción en la Casa Blanca agarrara por el brazo a su recién nombrado secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, lo llevara a un rincón donde le aguardaba el vice-presidente Dick Cheney, para inquirirle sobre el plan de guerra contra Irak. Algo que relató sin que nadie lo negara el periodista del Washington Post, Bob Woodward. Libia después de Omar Gadafi no será mas que otro Irak: una nación destruida, dividida en tribus rivales y con poca capacidad de restablecer el orden político. Muy pocos americanos, y muy pocos europeos saben cómo se vive en Libia, ni las complicaciones culturales y religiosas de ese país. Por eso, al igual que pensaron que ocurriría con el derrocamiento de Sadam Hussien en Irak, creen que a la caída de Gadafi vendrá una democracia tipo americana y que todo tendrá un final feliz. Pero como no pasó en Irak, tampoco pasará en Libia, por lo menos en los próximos 10 años. El descontento del pueblo Libio con Omar Gadafi es más que todo, el producto del desgaste de un régimen que pese a que se instauró como la antítesis de una monarquía repudiada, terminó convirtiéndose en otra igual. Libia es un país poblacionalmente pequeño pero enorme en cuanto a su territorio. Tiene un millón 759 mil kilómetros cuadrados y apenas 6 millones 173 mil habitantes, lo que implica una densidad poblacional de 3.2 personas por kilómetro cuadrado. El ingreso per cápita de los libios es de 16 mil dólares al año, el más alto de África y uno de los más altos de los países subdesarrollados. La caída del régimen de Gadafi fue realmente precipitada por Estados Unidos y la OTAN con la ayuda de las Naciones Unidas. Las protestas contra la corrupción del régimen se convirtieron en letales cuando, amparándose en supuestos atropellos del ejército contra los manifestantes, Estados Unidos y sus aliados consiguieron formalizar un embargo de las cuentas del gobierno Libio y paralizar la economía del país. Así las manifestaciones en las calles alcanzaron niveles de lucha por subsistencia, y las innegablemente equivocadas respuestas del gobierno pasaron a ser represión. Los grupos anti Gadafi recibieron entonces la ayuda multimillonaria en dinero y en armas de Estados Unidos y los países de la OTAN, y luego la participación directa de esta última en la guerra con todo el poderío militar de las naciones que la componen, que son las mas desarrolladas del planeta. Ningún régimen de ningún país del mundo hubiera podido resistir semejante ofensiva. Lo que queda de Gadafi es apenas la resistencia y lo que vendrá después serán los intentos de Estados Unidos de reconstruir un país semi destruido por la guerra y profundamente dividido políticamente. Pero entre una cosa y la otra, las grandes corporaciones petroleras americanas y europeas garantizarán otra fuente de hidrocarburos, una de las diez mas grandes reservas del planeta, extendiéndose así su existencia más allá del 2035, y lo que pase con Libia, dirán que es problema de los libios.
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