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La crisis, con precedentes de hace casi cien años, que vive el país ha diezmado considerablemente a los pobres. Los empleos para ese sector social son más escasos que para cualquier otro. Así como han desaparecidos los empleos lo mismo ha pasado con los programas sociales que el estado ofrecía para aliviar los problemas económicos de este sector. Eso se ha producido gracias a la “grandiosa” idea de un sector político, de que la labor del gobierno no debe jugar ningún papel en resolver los problemas económicos de los grupos más necesitados, aún con la agravante de los presentes momentos cuando más y más norteamericanos han visto perder sus ingresos por la escasez de empleos.
La situación de los sectores pobres no es algo que se trae por los moños y tampoco, es producto de una interpretación caprichosa movida por motivos ideológicos. Los datos recientes derivados del censo son contundentes: 49 millones de norteamericanos viven en situación de pobreza. Es decir que, uno de cada seis norteamericanos viven por debajo del umbral de pobreza. Dependiendo al grupo que se pertenezca el nivel de pobreza refleja sus diferencias. Por ejemplo, para los hispanos el 28.2% vive en la pobreza. Eso significa un total de 14 millones de personas. Entre los afroamericanos el porcentaje es de 25.4, es decir, 9.9 millones; los asiáticos 16.7 por ciento, que en términos poblacionales representan 2.39 millones. Por último los blancos 14.3%, es decir, 34.7 millones de personas. Esos números, que vuelvo y repito, no son sacados de la manga para ser manipulados políticamente, se incrementaron en los últimos diez años y recientemente, como producto de la crisis económica en que estamos, que como bien se sabe, fue inducida por los malos manejos económicos de los líderes de los grandes grupos financieros. Aun cuando la situación de deterioro económico de los sectores más pobres es tan evidente, la clase política que hoy maneja los asuntos del Congreso se hace la desentendida y en vez de buscar solución a los problemas de este gran número de norteamericanos, dirige sus esfuerzos para que la situación se empeore, bloqueando todas las iniciativas que tienden a traer un alivio económico a los sectores más afectados por la crisis. La concepción política detrás de esa posición sostiene que, los sectores pobres y afectados por la crisis deben buscar la solución a sus problemas por ellos mismos y a lo más, acudiendo a instituciones caritativas de la sociedad. Agarrados de esa concepción, se oponen radicalmente que los sectores más adinerados sean tocados con impuestos y que sus negocios sean regulados para lograr así la participación económica de esos grupos en la solución de los problemas que nos asaltan. Por lo contrario, esos sectores se atrincheran más y hoy se muestran renuentes a cualquier salida que conlleve la penalidad a los sectores del gran dinero. No son pocos los que atribuyen esta situación al hecho de que, de un tiempo acá, el gran dinero ha estado comprando la voluntad de los políticos que manejan los asuntos del estado, sobre todo del Congreso, a través de los llamados “lobbies” o grupos de presión, que se han adueñado del proceso legislativo y electoral. Esos grupos, con el ilimitado dinero que manejan, han puesto de rodillas a los políticos que una vez electos se ven obligados a responder a los intereses de sus patrocinadores. La situación que hoy se da en el Congreso es un reflejo de esta realidad. La sumisión de los políticos al gran dinero ha quitado transparencia al ejercicio de la democracia, que cada vez más aísla las mayorías del proceso político y se pliega a los intereses de los pequeños grupos. No otra cosa es lo que ha despertado ese gran movimiento, denominado “los indignados”. Aunque los medios lo han caracterizados como “rebeldes” y “revoltosos”, no son más que la expresión del gran disgusto que existe contra los que quieren gobernar a favor del 1 por ciento de la población, que cada vez se hace más rico cuando las mayorías van por la dirección contraria. Parece que la indignación va a lograr sus efectos, ya que, en la pasada elección hubo muestra decisiva de rechazos a la política de agresión a los derechos sindicales de los trabajadores, como fue el caso de Ohio. La participación masiva en el proceso electoral por parte de los afectados, es la única vía de lograr que los políticos hagan caso a las necesidades de los pobres.
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