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Por Ramón Peralta
El drama de las indiscriminadas redadas contra los inmigrantes indocumentados se está dejando sentir en las familias de estos, sobre todo en los niños. El apresamiento de los padres, está dejando en el abandono a miles de niños que a falta de los padres, están siendo colocados en hogares temporales, que en la mayoría de los casos son extraños a ellos.
Se estima que hay más de 5,000 niños hijos de indocumentados ya deportados, residiendo en esos hogares temporales. Esto se hace, a pesar de que el departamento de inmigración encargado de las redadas y que se denomina ICE, sigue diciendo que el objetivo de las redadas es detener a personas con record criminales, pero en realidad se sigue haciendo lo opuesto: personas sin precedentes criminales siguen siendo detenidas, enviadas a lugares desconocidos y dejando en el abandono a sus hijos. El impacto que este hecho deja en la evolución sicológica de esos niños es perturbador, ya que, la privación de sus padres naturales impide que se den las condiciones para que ellos se desarrollen normalmente. Un niño necesita para su evolución sicológica el entorno familiar en que se procreó. La familia es el lugar natural donde el niño desarrolla sus actitudes personales y donde adquiere los primeros elementos para su formación social. No es por acaso que la familia se denomina la primera sociedad. Preocupados por la situación de abandono en que han quedado miles de niños, líderes nacionales y organizaciones defensoras de los derechos de los indocumentados, han iniciado una campaña para que en estas Navidades los niños de padres indocumentados envíen una carta al Presidente Obama para que detenga las deportaciones que separan a sus familias. El objetivo de la campaña es, hacer ver al Presidente el impacto dañino que las arbitrarias deportaciones están provocando en miles de niños, que por haber nacido en territorio americano, tienen también el derecho de vivir junto a sus padres. El clamor de los niños es más que de justicia, sobre todo en una nación como esta, donde tanto se enfatiza en el valor de la unión de la familia. La situación por la que atraviesan los niños, que han sido separados por la deportación de sus padres, parece que está fuera de consideración en lo que a los valores familiares se trata: como son hijos de extraños, el valor de la unidad familiar no se aplica. Tampoco es extraño que esto pase aquí, ya que los políticos actúan no de acuerdo a los valores que predican, sino de acuerdo a las conveniencias políticas del momento. Los niños dejados en abandono por la deportación de los padres, no tienen valor político y por eso, su clamor no creo que irá muy lejos. No son pocas las veces que organizaciones pro-inmigrantes han manifestado al Presidente que detenga las redadas arbitrarias, sin embargo, hasta ahora no se ha hecho nada y la situación continúa como antes. Por eso, la acción de los niños aunque bella y hermosa dentro del espíritu navideño puede ser que caiga en el vacío. La piedad no es virtud propia de políticos.
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