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Por Ramón Peralta
La herencia Cristiana es parte del mundo occidental y la cultura secular la arrastra como parte suya. Se acepte o no el misterio cristiano, su sello está marcado en un sin número de prácticas, que son partes de diario vivir del que nadie puede escaparse. La celebración navideña es una de esas.
El hombre por idiosincrasia vive sus sentimientos y el final de año y la Navidad, le brindan la oportunidad para recuperarlos del recuerdo, ya sean que estos hayan sido malos o buenos. En la Navidad nos abrazamos con los sentimientos y echamos un poco al lado la fría racionalidad. Sentimos más cerca al familiar, al amigo y aquellos, que aunque alejados, forman parte de nuestro círculo solidario: los pobres, los maltratados, los marginados, los oprimidos y los que son víctimas del abuso, no importa el sello que este tenga. Así veo la Navidad; un tiempo para sentirnos alegres y al mismo tiempo, para sentirnos solidarios. El regalo como símbolo del comercialismo navideño no lo comparto porque no creo que el materialismo absurdo de gastar lo que no se tiene para complacer a otro, no tiene cabida en el espíritu navideño. La locura del gasto que luego lleva a la resaca de la deuda, solo beneficia al comerciante, que sin darle permiso se ha adueñado de la fiesta. Da tu regalo pero mójalo con la entrega de tu espíritu, que es lo que al final vale la pena. Recuerda que hay muchos que no tienen nada que dar, pero sin embargo, se abrazan y viven su navidad. Recuerda aquellos que no tendrán la suerte de ver sus seres queridos, no porque estén muertos, sino porque un equivocado nacionalismo los ha separados. Familias rotas porque les echaron el sambenito de ilegales. Padres que no podrán ver sus hijos y madres alejadas de sus parejas y sin la dicha de ni siquiera poder abrazarlos y decirles ¡Feliz Navidad!. Festeja estos días, ríe y baila pero no lo haga para solo satisfacerte a ti mismo. Recuerda que existen los demás, no solo los demás que conoce sino los que no conoce y que hoy claman por un granito de solidaridad porque por desgracia todavía vivimos en un mundo de injusticias que, precisamente, muchos quieren ahogarlas con sus borracheras navideñas. De todas maneras, aunque lo que he dicho no te importe, ¡Feliz Navidad! para ti y todos los tuyos.
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