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Viernes, 06 de Enero de 2012 12:57    PDF Imprimir E-mail
Que candidatos nos traemos
Artículos de Ramón Peralta

Hace varios meses que los pre-candidatos Republicanos nos tienen en suspenso, pero un suspenso de esos que la gente de cine llama macabros. Desde el primer día de la campaña, ningún candidato ha podido establecer con claridad las respuestas a los problemas económicos que hoy nos acogotan. Eso ha creado una gran confusión entre los seguidores Republicanos sobre a quien escoger. Como resultado, cada semana las encuestas nos traen un nuevo líder, dando lugar a un sube y baja pocas veces visto en los últimos 30 años de campaña electoral. Esa realidad no se le puede atribuir a los seguidores Republicanos, sino a la calidad de los líderes que han decidido presentarse como candidatos. Ninguno se ha preocupado en definir claramente sus objetivos y por el contrario, han consumido todo su tiempo en debatir qué conservador es uno más que otro, como si eso fuera la urgencia prioritaria del país.
Eso ha dado lugar, a que el debate político se haya dirigido hacia asuntos insustanciales y carentes de importancia. Qué trascendencia política tiene el afán de algunos de los pre-candidatos en proclamarse como escogidos por Dios y como fervorosos seguidores de la doctrina cristiana como si la campaña se tratara de escoger un ministro, pastor o cura religioso.  Aunque la tradición religiosa históricamente ha jugado un papel en la política de este país, los políticos deben tener claro en qué lugar poner una cosa y la otra; es decir, la religión y la política. La religión pertenece a los templos y los hogares y no al debate político.
Dos candidatos pusieron sus candidaturas como predestinadas por el poder divino: el Sr. Perry, el ofuscado candidato de Texas, y la Sra. Bachmann. Ambos recibieron claramente el mensaje divino, ya que, en la votación de Iowa quedaron tan mal parados, que no les quedó otra opción que empacar sus motetes e irse a sus respectivas casas. La Sra. Bachmann ya declaró que abandonará sus aspiraciones. Esperamos que eso le dé más tiempo para entregarse a sus devociones religiosas.
Hay una intención clara en todo el grupo de candidatos en colocarse más allá de lo que alcanza la derecha. Son ardientes defensores de la política del libre porte de armas y por tanto, de que volvamos a los viejos tiempos del Oeste, donde los asuntos se resolvían a balazos limpios.
En política internacional proponen la vuelta a la política del garrote y la imposición de la hegemonía norteamericana, haciendo hincapié en la primacía del poder militar por encima de las negociaciones pacíficas y el consenso.  Quieren reeditar lo que en tiempos pasados se llamó la política del “halcón militarista” y que recientemente ha costado al país, no solo miles de muertes sino también, un gasto económico que lo habrán de pagar las futuras generaciones y que hoy día es un baldo pesado para la economía del presente. Eso se propone a pesar de que ese tipo de política está totalmente fuera del contexto político mundial, donde el papel a jugar por Estados Unidos no es el mismo que el que  llevó a cabo durante la Guerra Fría. Esa actitud militarista lo que refleja es, que los susodichos candidatos todavía viven en el pasado cuando se consideraba que la única opción válida en la política internacional  era la militar.
Otro elemento común en la política internacional del grupo de candidatos, con excepción de Gingrich, es un rechazo a que se llegue a un acuerdo con el asunto de la inmigración.
Todos rechazan que se permita a los indocumentados residentes en el país el paso a la legalización de su status. De manera que, eso indica, que si uno de ellos llega al poder tendremos una reedición más drásticas de las indiscriminadas deportaciones que hoy se llevan a cabo. En otras palabras, iremos a tiempos peores.
En la cuestión de la economía y los problemas del desempleo, los candidatos no han establecido posiciones concretas. Solo se limitan a decir que ellos son capaces de crear empleos y por tanto, que ellos crearán empleos. En las minucias de la política eso se llama demagogia barata. No hay que olvidar, que sus posiciones en los asuntos económicos son las mismas de los que hoy desempeñan el papel de obstruccionistas en el Congreso. Además, sus posiciones están con el gran capital y no en resolver los graves problemas económicos que hoy enfrenta la gran mayoría.
 En otras palabras, es muy difícil que el hombre común pueda ver en los señores candidatos una persona capaz de velar por sus intereses. Todo lo contrario, lo que hasta ahora revelan, es que están con el 1%, es decir, con la minoría rica que en la presente crisis ha aumentado su caudal de riquezas como en ningún otro tiempo de la historia del país. De manera que, con candidatos como esos, a los de abajo nada bueno nos espera.

 

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