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A 32 años de una historia poco contada

El 29 de marzo del 1990, 25 mil niños ucranianos llegaron a Cuba para ser atendidos de los efectos de las radiaciones que se desprendieron con la explosión de la planta nuclear de Chernóbil.

El accidente ocurrió el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, que en ese momento pertenecía a la Unión Soviética, a 2,7 km de la ciudad de Prípiat, a 18 km de la ciudad de Chernóbil y a 17 km de la frontera con Bielorrusia. Es considerado el peor accidente nuclear de la historia, y uno de los grandes desastres medioambientales de la historia.

Comenzó durante una prueba de seguridad en un RBMK. La prueba fue una simulación de un corte de energía eléctrica para ayudar a crear un procedimiento de seguridad para mantener la circulación del agua de enfriamiento del reactor 4 hasta que los generadores eléctricos de respaldo pudieran proporcionar energía. Se habían realizado tres de esas pruebas desde 1982, pero no habían proporcionado una solución. En un cuarto intento, una demora inesperada de 10 horas significó que un turno operativo no preparado estaba de servicio. Estos desequilibrios desembocaron en el sobrecalentamiento descontrolado del núcleo del reactor nuclear y en una o dos explosiones sucesivas, seguidas de un incendio que despedía gases con altos niveles de radioactividad. Las explosiones volaron la tapa del reactor 4 de 1200 toneladas y expulsaron grandes cantidades de materiales radiactivos a la atmósfera, formando una nube radiactiva que se extendió por 162 000 km² que abarcaron Europa y América del Norte.  31 personas murieron en las siguientes dos semanas lo que llevó al Gobierno de la Unión Soviética a la evacuación de urgencia de 116 000 personas, provocando una alarma internacional al detectarse radiactividad en al menos 13 países de Europa central y oriental.

La Unión Soviética que entraba en una crisis económica que cuatro años después culminaría en su disolución, pidió ayuda para enfrentar la crisis de salud que significaba la contaminación radiactiva.  Estados Unidos y los países de Europa ayudaron en la contención del peligro que representaba para ellos la liberación de radioactividad, pero no respondieron al auxilio a la población civil que comenzaría a sentir los efectos de la contaminación en el transcurso de los años.  Para 1989 ya habían muerto muchos niños de Chernóbil y Cuba se ofreció para atenderlos.  El entonces presidente Fidel Castro pidió que se trajeran a la isla la mayor cantidad de niños afectados por la radioactividad y él mismo lo recibió en el aeropuerto de José Martí.  Llegaron 25 mil niños ucranianos entre los que había también bielorrusos.  Fueron trasladados a la playa de Tarará que servía de campamento de veranos para los niños cubanos y se construyó un gigantesco hospital pediátrico donde fueron sometido a un intenso tratamiento que duró 21 años.

El gobierno cubano también construyó viviendas para alojar a los familiares de los niños.  De este hecho se conoce poco debido a que los medios de prensa norteamericanos por lo regular no dan importancia a noticias provenientes de Cuba, a menos que se trate de asuntos políticos de opositores al régimen comunista.  La BBC de Londres hizo un reportaje en el 2019 luego de que una artista peruana descubriera el hecho cuando vio cientos de niños caucásicos con la cabeza raspada bañándose en el balneario de Tarará en Cuba e iniciara una investigación.


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